El carruaje negro atravesó las puertas de la mansión Delacroix con la inevitabilidad de una sentencia de muerte.
Clara lo vio desde la ventana del segundo piso, sus dedos presionados contra el cristal frío hasta que los nudillos se pusieron blancos. El escudo de armas grabado en la puerta del carruaje brillaba bajo el sol matutino: tres leones dorados sobre campo carmesí. El blasón de los D'Armont. El blasón que había sido suyo durante veintidós años antes de convertirse en la marca de su conde