Los tres días siguientes fueron un infierno silencioso. Adrian había desaparecido en su estudio, negándose a ver a Clara o a cualquiera que mencionara su nombre. Sophia se había vuelto casi inconsolable, llorando en silencio cada noche mientras Clara la mecía, ambas aferradas a la única relación que todavía parecía real en medio del caos.
Lady Mercy estaba radiante, paseándose por la casa con la satisfacción de alguien que finalmente había ganado una guerra larga y agotadora. Victor mantenía su