Los días siguientes transcurrieron como si la mansión Delacroix existiera bajo agua. Todo se movía más lento, más pesado, cada interacción cargada con el peso de secretos revelados y confianzas rotas. Clara se movía por la casa como un fantasma, cumpliendo sus deberes con Sophia pero evitando cualquier encuentro innecesario con los demás.
Adrian la evitaba activamente. Cuando coincidían en el mismo pasillo, él giraba abruptamente en otra dirección. Durante las comidas, mantenía los ojos fijos en