Adrian arrastró a Clara por las escaleras con una fuerza que rozaba lo violento. Sus dedos se clavaban en su brazo con suficiente presión para dejar marcas, pero Clara apenas lo sentía. Estaba demasiado ocupada intentando procesar lo que acababa de pasar, cómo todo se había desmoronado tan rápidamente.
Cuando alcanzaron la habitación de Clara, Adrian la empujó dentro y cerró la puerta con un golpe que hizo temblar el marco. Se quedó allí, con la espalda contra la puerta, su pecho subiendo y baja