VICTORIA.
Entro en la habitación de Enzo despues del susto con Maximiliano. Enzo está sentado en la cama, con una vía en el brazo y un hematoma oscuro decorando su mejilla. Al verme, sus ojos, que siempre fueron iguales a los de su madre, se clavan en los míos.
Me acerco, evitando que el temblor de mis manos se note. Me siento al borde de la cama, rozándole el hombro con una delicadeza que no siento por nadie más.
—Enzo —mi voz sale más firme de lo que esperaba—. Mírame. Necesito saberlo. ¿Cómo