VICTORIA.
Cuatro meses pasaron volando. La calma había regresado a la casa, y con ella, el crecimiento innegable de la vida en mi vientre. Con poco más de seis meses de embarazo, el vestido verde oscuro que elegí para la ocasión se me ceñía por completo a la barriga, redonda y prominente. Ya no había forma de ocultarlo, ni quería hacerlo.
Maximiliano terminó de ajustarse el saco del traje y se colocó a mi lado en el gran recibidor de la casa. Me pasó una mano por la cintura, atrayéndome hacia é