VICTORIA
Caminé rápido por el pasillo de la comisaría, sin rodeos. Empujé la puerta de la oficina del detective y entré con el abogado detrás de mí. Saqué el grabador digital del bolso y lo dejé caer sobre el escritorio.
—Ahí tiene su prueba, detective —le solté—. La confesión completa de Raquel.
El hombre frunció el ceño. Tomó el aparato y presionó el botón. La voz histérica de la madre de Adel llenó la oficina, admitiendo palabra por palabra que la carta era una farsa inventada para perjudica