VICTORIA
—Si pierdo a mi hijo, me quedo completamente sola, Victoria —confiesa, y cada palabra es un peso—. Ya perdí a mi esposo, perdí al nieto que llevabas en el vientre. Si pierdo a mi hijo, te juro que me mato. Me mato y no habrá nada que me detenga.
La miro fijamente. Tania está al borde del abismo. No le respondo con palabras vacías, solo asiento. En este hospital, rodeadas de sombras, ambas entendemos que si Maximiliano cae, el mundo que construimos se derrumba con él. Y yo no permitiré