VICTORIA.
Mis manos suben por instinto hacia mi pecho, apretando el cierre del vestido rojo.
—Dijiste que solo dormiríamos —susurro, intentando aferrarme a la última brizna de control que me queda.
—Dije que no te tocaría —me corrige, y sus ojos brillan con una luz depredadora—. No dije que no te miraría. Quiero ver qué es lo que he comprado, Victoria. Quiero ver el motivo por el cual Sergei estaba dispuesto a arriesgarse y por el cual yo he vaciado un maletín de billetes esta noche.
Mis dedos