VICTORIA
Camino rápido, sin hacer ruido, y pego la oreja a la madera de la puerta que acaban de cerrar.
—¡Suéltame, Maksim! ¡Te dije que no puedo ir a ninguna cena hoy! —el grito ahogado de Valentina se escucha con claridad.
—A mí no me das órdenes, muerta de hambre —le escupe Maksim, con una voz cargada de veneno—. Eres una desagradecida. Te estoy dando la oportunidad de tu puta vida al sacarte de la miseria y ponerte mi apellido, ¿y así me pagas? ¿Haciéndome quedar como un idiota frente a mis