Visión de Mariana
El reloj marcaba las 8:47 de la mañana cuando llegué al resort. Después del encuentro con aquella vaca, me vine para acá con las manos temblando. Helena me preguntaba todo el rato qué me pasaba, pero no quería preocuparla.
El sol entraba por las cortinas del resort, tiñendo la habitación de dorado, y el rumor del mar ahí fuera era un susurro constante. No pegué ojo en toda la noche; me desperté por lo menos diez veces, con el corazón a mil, pensando que me había olvidado de al