Cap.

La mañana siguiente empezó con llantos.

Henrique se despertó a las 5:47, con hambre. Mariana ya estaba sentada en la cama, con las almohadas apiladas en la espalda, lista para darle el pecho.

—¿No has dormido nada? —pregunté, bostezando.

—Sí… unas dos horas.

—Eso es poquísimo.

—De momento, es suficiente.

Se puso al bebé al pecho y él se agarró con una fuerza que me dejó alucinado.

Mientras ella le daba el pecho, fui a la cocina y preparé una bandeja con café, zumo de naranja, pan con mantequill
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