(Visión de Mariana)
Bajé las escaleras cojeando solo un poquito. El pie me dolía, pero era más una molestia que otra cosa. La mente, por otro lado… era un caos absoluto.
Toda la noche había sido un bucle de aquellos minutos en la cocina. Nosotros dos en el suelo y aquel momento en la silla… cuando él se inclinó.
Su rostro tan cerca que pude contarle cada pestaña, cada minúscula imperfección de la piel que solo le hacía parecer más… real. Su olor, limpio y masculino, incluso después del jaleo.