Cap.55 - (Visión de Rodrigo)
El dolor me latía en la frente, un pulsar caliente y constante que encajaba perfectamente con la furia que hervía dentro de mí.
La sangre se deslizaba entre mis dedos, de un rojo vivo y humillante sobre el suelo de mármol.
Y ella se quedaba ahí, de pie, sujetando ese trozo de jarrón roto como una criminal pillada in fraganti, con los ojos abiertos de puro terror.
Solo que ahora el terror había dado paso a la desesperación.
— Dios mío, Rodrigo, yo… ¡lo siento mucho!