La mañana siguiente en la empresa Daurella avanzaba con la precisión habitual: reuniones, llamadas, firmas. Milenne estaba de pie junto a la ventana de su oficina, revisando unos documentos en la Tablet, cuando la puerta se abrió sin previo aviso. Era su primera semana demandando todo y si que se sentía cansada así que molesto se dirigió a la puerta hasta que lo vio y le dio la espalda, no tenia ganas de verle la cara.
—¿Así recibes a tus visitas ahora? —dijo una voz conocida, cargada de diversión.
Milenne no necesitó girarse para saber quién era. Su espalda se tensó apenas un segundo antes de recomponerse.
—Señor Moguer—respondió con frialdad ensayada —Mi asistente no le dio cita, nuevamente viene a perder el tiempo.
—No la necesito —replicó Gerald, cerrando la puerta con suavidad— Tú nunca me la has pedido.
Milenne giró por fin. Gerald estaba ahí, apoyado con descaro contra la puerta, traje oscuro perfectamente ajustado, sonrisa ladeada, esa mirada que parecía observar má