43. La autora
Garrett vigiló el sueño de Livia como un centinela, no se movió de su lado y cuando la sentía, agitarse, seguramente por los recuerdos. Le acariciaba la mejilla con ternura y le susurraba al oído para que recobrara un poco la calma.
Le hería y le enfurecía ver a Livia sufriendo. Sobre todo, porque se sabía uno de los causantes de ese dolor. Si le hubiese hablado con la verdad desde el inicio, se habrían ahorrado tantas cosas; sin embargo, ya ni llorar era bueno.
Las cosas ya estab