76. Le llegó la hora
Livia levantó la cabeza cuando la puerta se abrió. En el fondo esperaba ver a su hermano volver. Era apresurado esperar que Ian aceptara su ofrecimiento de buenas a primeras. Lo normal era que desconfiara de ella; desde que se conocieron, no habían cruzado una sola palabra afectuosa. Ni un gesto que los identificara como hermanos.
Sin embargo, lo eran. Ninguno de los dos podía negar la cruz de su calvario. Ian y Livia se parecían físicamente a Allan.
—¿Cómo te fue con Ian?