29. Pequeña bailarina
29. Pequeña bailarina
Literalmente, Nova perdió los calzones, el aire escapó de sus pulmones y su corazón latió tan fuerte que escuchó cada alocado latido en sus orejas. La garganta se le secó. No podía creer que Knox estuviera sentado junto a ella, como si fuese lo más normal del mundo.
Ella lo observó, resistiendo el deseo de tocarlo. Solo para comprobar que no estaba alucinando. Era la voz de Knox, aunque su rostro ya no era el mismo. Ya no lucía como el joven de diecinueve del que se enamor