Mundo ficciónIniciar sesiónEl salón de beneficencia estaba vestido de luces cálidas, copas burbujeantes y sonrisas calculadas. Las familias de renombre se movían con la naturalidad de quienes creen que todo les pertenece.
Marisol Ortega no necesitaba apellido para destacar. Su piel oscura brillaba bajo los candelabros, el vestido azul profundo realzaba la curva de su cintura, y su porte orgulloso hacía que más de una mirada se desviara hacia ella. Caminaba con la certeza de quien sabe que, aunque la murmuren, también la desean. Fue entonces cuando lo sintió, esa mirada que no se aparta. No necesitó buscar mucho. Francesco Bianchi, llegado hace poco de Italia, con un socio misterioso que todos querían conocer, estaba de pie a unos metros, observándola con el descaro de quien no teme ser descubierto. Ella sabía quién era. En ese mundo no se ignoraba un apellido Bianchi, y menos al hombre que lo llevaba con tanta calma arrogante.<






