Los días pasaron en un flujo constante, volviéndose rutina casi como un suspiro. Emilia trabajaba en el turno vespertino de La Espiral de lunes a jueves. Y de jueves a sábado trabajaba en el Oblivion Lounge.
Incluso si solo tenía una hora para llegar de un lugar a otro, Emilia lo cubría sin quejarse. Incluso mantenía su estoicismo en La Espiral, en donde se convirtió en la camarera personal del jefe por un acuerdo silencioso y tácito entre todos los empleados del lugar.
Era imposible evitar las