El sonido de disparos cada vez más cercanos sobresaltaron a los hombres que cesaron la tortura. Sus ojos hinchados se abrieron de golpe, y aunque su visión estaba borrosa, pudo distinguir las siluetas de sus asaltantes yendo en dirección a la puerta con rapidez. Sin embargo, Emilia estaba tan sumergida en la desesperación y la certeza de su inminente final, que su cabeza no pudo pensar más. La energía que le quedaba la usaba para no perder el conocimiento, ya fuese por testarudez o por autocomp