El auto avanzaba silenciosamente por las calles desiertas de Crestview, su interior iluminado de forma tenue por las luces de la ciudad que se filtraban a través de las ventanas. Ivan mantenía la mirada fija en la carretera, sus manos firmes en el volante. A su lado, Katerina tamborileaba los dedos contra su rodilla, un gesto inquieto que delataba su creciente frustración.
—¡Esa estúpida mujer! —espetó de pronto, rompiendo el silencio con un tono cargado de amargura—. ¿Puedes creerlo? Esa camar