—¿Interrumpo algo?
La voz de Alexander llenó el espacio, grave y burlona. Sus ojos oscuros y calculadores observaron a la pareja. Se detuvo a contemplar a con fría posesividad, haciendo que a esta se le erizara la piel.
Miguel se giró apenas lo escuchó. No había asegurado la puerta, y en ese momento Alexander se recortaba en el umbral contra la luz tenue del pasillo, vestido de negro, las manos en los bolsillos, dueño absoluto del espacio, exudando un aura de autoridad y amenaza.
Retrocedió ins