Mundo ficciónIniciar sesiónElla creyó haber encontrado el amor, por lo que cuando él le propone matrimonio acepta, pero en cuanto pone un pie en el lugar que sería su nuevo hogar, sabe que algo no anda bien y todo lo que tenía planeado se le viene abajo. Su sufrimiento y martirio empieza de la peor manera cuando se da cuenta que el hombre con quién se ha casado se encarga de vender y prostituir mujeres. Pero ese camino de dolor por recuperar su libertad y felicidad encontrará al verdadero amor de su vida, ese hombre que le enseñará lo que es la pasión desmedida, que los consumirá a ambos. ¿Estarán destinados? ¿Podrá él salvarla? ¿Podrá ella ser capaz de huir de ese mundo tan corrompido?
Leer másElla creyó haber encontrado el amor, por lo que cuando él le propone matrimonio acepta, pero en cuanto pone un pie en el lugar que sería su nuevo hogar, sabe que algo no anda bien y todo lo que tenía planeado se le viene abajo.
Su sufrimiento y martirio empieza de la peor manera cuando se da cuenta que el hombre con quién se ha casado se encarga de vender y prostituir mujeres.
Pero ese camino de dolor por recuperar su libertad y felicidad encontrará al verdadero amor de su vida, ese hombre que le enseñará lo que es la pasión desmedida, que los consumirá a ambos.
¿Estarán destinados?
¿Podrá él salvarla?
¿Podrá ella ser capaz de huir de ese mundo tan corrompido?
Tres meses habían pasado desde que Avery se dio cuenta que tenía una familia, una familia de verdad, algo que toda su vida había anhelado, Maggie nunca fue alguien cariñosa o que le diera amor, y a sus padres nunca los pudo tener. Ella iba dos veces por semana con su Psiquiatra, y aunque había avanzado algo, aún no había conocido a nadie más de su familia, solo su tío y su primo la visitaban, este último se había hecho muy unido a ella, a menudo la invitaba a salir, la hacía reír y olvidar por momentos, aquella gran tristeza que tenía en el corazón. Pero cada vez que estaba sola, pensaba en él, en los momentos que pasaron juntos, en todas esas veces que decía amarla y que iba a protegerla, que eso pronto iba a acabar, rió con amargura mientras se miraba al espejo, aún esperaba que todo fuera una pesadilla, qué cuando ella despertara él iba a estar a su lado, cuidándola y protegiéndola. Negó con la cabeza mientras terminaba de arreglarse. —No seas estúpida Avery, nada fue cierto, re
Al día siguiente cuando Avery abrió sus ojos, por alguna extraña razón esta vez no se sintió asustada, tampoco estaba tranquila, y mucho menos confiada, pero al menos no estaba asustada, decidió levantarse de la cama y tenderla, luego, se dio un baño relajante, su rostro pálido ya tenía un mejor aspecto, luego de lavarse los dientes y cepillar su cabello, fue directamente al armario, dónde no sabía que elegir de tanto que tenía, pero se decidió por algo sencillo y sport. Cuando salió de ahí, ya su desayuno estaba en la mesa de noche, sin poder evitarlo llevó sus manos a su vientre, ahí estaba creciendo vida, con suspiro lleno de nostalgia, se dirigió hasta la bandeja, la tomó en sus manos y salió a la terraza, en la noche anterior, ella había notado una mesa pequeña con cuarto sillas pequeñas, ahí decidió desayunar en silencio, cuando terminó, se quedó por otro rato más ahí, hasta que escuchó que estaban tocando a la puerta, se levantó y se dirigió abrir la puerta, Darío se encontraba
Aunque aún no había abierto sus ojos, podía sentir mucha luz, dónde quiera que estuviera. Pero no quería abrir sus ojos, estaba aterrada de quién podía estar ahí. Cuando pudo decidió ser valiente y abriría sus ojos, se encontró en una gran habitación, hermosa y con grandes ventanales, con su mirada recorrió el lugar y luego se miró así misma, llevaba puesta una pijama de seda, ya no se encontraba atada, en sus muñecas tenía vendas, sin poder evitarlo los recuerdos la invadieron al igual que el miedo y el terror, empezó a llorar, temiendo por lo que pudiera pasarle. Su corazón latía demasiado rápido, tanto que parecía quería salirle del pecho. En ese instante la puerta se abrió y ella brincó en su propia cama, un dolor la invadió en todo su cuerpo. —Tranquila, no te haré daño — Avery lo miraba entre sorprendida y asustada. — Tienes que estar tranquila, ahora estás a salvo. —No creo que esté a salvo con usted, si es uno de ellos. — dijo con voz muy ronca. Él hombre que traía una ba
Avery sentía su cuerpo pesado al igual que sus ojos, oía susurros a lo largo que la hacían querer despertar, aunque no distinguía bien las voces, algo en su interior le gritaba que nada andaba bien. Cuando sintió unas manos recorrer sus piernas tuvo miedo, ya que esas manos no eran las de Charles, por lo que aunque no podía controlar sus movimientos rápidamente abrió sus ojos y al ver a Sander con Maggie en la habitación la hizo entrar en pánico, más al darse cuenta que estaba desnuda. —Que bien que al fin despiertas, sólo faltas tú para unirse a la fiesta — ella no entendía de hablaba Sander, miraba a su alrededor pero por ningún lado, sus ojos empezaron a transmitir pánico. —No lo encontrarás aquí, él ya se unió a la fiesta, como todo un Ferrer. — la voz maliciosa de Maggie se repetía en la cabeza de Avery, mientras ella se trataba de tapar con una sábana su desnudez, en su mente trataba de ordenar todo, no entendía qué había pasado, recordaba sólo cuando habían llegado a casa, l





Último capítulo