Eva
El silencio de la habitación era tan denso que podía cortarse. Permanecí inmóvil frente a la ventana, observando cómo la lluvia golpeaba el cristal con furia, similar a la tormenta que se desataba en mi interior. Sentí su presencia antes de escucharlo; ese escalofrío inconfundible que recorría mi columna cada vez que Damián entraba en la misma habitación que yo.
—¿Hasta cuándo seguiremos con este juego, Eva? —su voz, profunda y aterciopelada, rompió el silencio.
No me giré. No quería que vi