Damian
El aire se volvió denso, cargado con el olor a azufre y ceniza. Mis venas palpitaban con un fuego antiguo que no había permitido fluir en siglos. La rabia, ese viejo compañero que siempre había controlado con precisión quirúrgica, ahora se desbordaba como lava, consumiendo cada pensamiento racional.
Eva. Su nombre resonaba en mi mente como un latido constante.
Lilith había cruzado la línea. No era la primera vez que intentaba sabotear mis planes, pero jamás había tocado algo que me perte