Damian
La sangre negra manaba de mi costado como petróleo de una tierra maldita. Cada paso que daba por el pasillo de mi mansión dejaba un rastro oscuro sobre el mármol blanco. Irónico. Durante siglos había sido yo quien extraía la sangre de otros, quien se alimentaba del dolor ajeno. Ahora era mi esencia la que se derramaba, debilitándome con cada gota perdida.
El Consejo no había tomado bien mi desafío. Cinco demonios antiguos, cinco pares de ojos que me observaron con desprecio cuando declar