Damian
La noche se extendía como un manto de tinta sobre la ciudad mientras observaba a Eva dormir. Su respiración, acompasada y tranquila, contrastaba con la tormenta que se desataba en mi interior. Había vivido siglos, había presenciado el nacimiento y la caída de imperios, había visto a los hombres construir y destruir con la misma facilidad con que respiraban. Y sin embargo, nunca había sentido esta inquietud que ahora me consumía.
Me acerqué a la ventana. La luna, pálida y distante, parecí