Eva
La oscuridad me rodeaba como un manto pesado, pero ya no me asustaba como antes. Había algo diferente en mí, algo que había cambiado desde que la marca de Damián se había asentado en mi piel. Podía sentirla palpitar en mi muñeca, como un segundo pulso que latía al compás de un corazón que no era el mío.
Me encontraba sola en la habitación que Damián me había asignado en su mansión. Las cortinas ondeaban suavemente con la brisa nocturna, y la luna proyectaba sombras inquietantes sobre las pa