31. El Primer Choque
La mansión se levantaba al final del camino como una herida que nunca había terminado de cerrar. Aquel lugar, que alguna vez había sido suyo, ahora la recibía con el frío de la traición. Los muros blancos, las columnas imponentes y los ventanales de vidrio parecían mirarla con desdén, recordándole que había sido expulsada de allí como si fuera un objeto desechado.
Pero Shaya Moore no era la misma mujer que se había marchado bajo la nieve, rota y humillada. Ahora vestía un traje sobrio, elegante