19. La Primera Jugada
Shaya despertó temprano ese día, con la mente clara y una chispa peligrosa brillando en sus ojos. El amanecer se colaba por los ventanales de la mansión Allen, tiñendo de oro las cortinas de seda. No era la misma mujer que días atrás había llorado en un café barato. La fragilidad se estaba transformando en acero.
La humillación en el evento aún ardía en sus recuerdos, pero también le había dado dirección. Santiago la llamó “mujer desechada”, Claudia se rió de ella frente a todos. Bien, ahora er