Cap. 91 Su clienta es… intensa
Fue entonces cuando Ginevra, que había estado mordisqueando nerviosamente una uña junto a la ventana, se giró. Su habitual aura de caos contenida se había transformado en una determinación eléctrica.
—Yo la doy.
Todos la miraron. Marco arqueó una ceja, apenas un milímetro.
—Señorita Bianchi, esto no es una fiesta de gala. Es una operación de alto riesgo. Si nos descubren, las consecuencias serán…
—¿Qué? ¿Legales? —lo interrumpió Ginevra, acercándose. Llevaba un traje pantalón negro, sencillo, y su pelo estaba recogido en un moño severo. Parecía otra persona.
—Los Sartori nos amenazan con un pacto del siglo pasado. Esto es guerra, Marco. Y en esta familia, cuando hay guerra, hasta la ‘payasa’ se pone el uniforme. —Se plantó frente a él, desafiando su altura con la fuerza de su mirada.
—Soy una Bianchi. Mi firma, mi rostro, mi nombre… tienen peso en Zúrich. Puedo ser la distracción perfecta, la heredera frívola que va a revisar sus joyas mientras tú, el abogado serio, haces el trabajo s