Cap. 90 ¿Y por qué habría de ayudarte?
Dayana, que había permanecido en silencio, dio un paso al frente. No con agresividad, sino con una calma que desarmaba.
—Giorgio se pudre en una celda gracias a sus propias decisiones, Emanuela. Nosotros solo levantamos la alfombra para que todos vieran la basura. Y ustedes dos —su mirada las recorrió con desdén— deberían agradecer que esa misma alfombra no les cayera encima. Aún están aquí, libres y con sus cuentas bancarias intactas. No prueben nuestra paciencia.
Las palabras, dichas con una autoridad serena, hicieron que las gemelas parpadearan, retrocediendo un paso. Ya no eran las cazadoras. Eran chacales husmeando alrededor de un cadáver de poder.
—Basta —cortó Ares, su voz un latigazo en la sala silenciosa. Ni siquiera miró a sus hermanas. Su atención estaba clavada en Bárbara.
—El pacto con los Sartori. ¿Es legítimo?
Bárbara esbozó una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—¿Legítimo? Tu padre, Aurelio, firmó lo que fuera con tal de salvar su pellejo y su sueño de imperio. Arturo