Cap. 90 ¿Y por qué habría de ayudarte?
Dayana, que había permanecido en silencio, dio un paso al frente. No con agresividad, sino con una calma que desarmaba.
—Giorgio se pudre en una celda gracias a sus propias decisiones, Emanuela. Nosotros solo levantamos la alfombra para que todos vieran la basura. Y ustedes dos —su mirada las recorrió con desdén— deberían agradecer que esa misma alfombra no les cayera encima. Aún están aquí, libres y con sus cuentas bancarias intactas. No prueben nuestra paciencia.
Las palabras, dichas con una