Cap. 88 Una visita inesperada.

Mientras hablaban, en el pasillo, la escena llegaba a su clímax. Marco se detuvo bruscamente frente a la puerta de Contabilidad. Ginevra, que no esperaba la parada, casi chocó con él.

Él se giró. Su mirada era glacial, pero una finísima línea de tensión en su mandíbula delataba… algo.

—Señorita Bianchi —dijo, cada palabra medida como un diamante.

—Su persistencia es comparable solo a su falta de sentido del momento oportuno. Tengo trabajo. Trabajo real. Que paga su… exuberante estilo de vida.

En lugar de desanimarse, Ginevra se irguió. Algo en su mirada cambió. La chispa de payasa desapareció, sustituida por una determinación rara y seria.

—Yo también tengo trabajo, Marco —dijo, su voz más baja, sin la cantinela usual.

—Mi trabajo ahora es que veas que no soy solo 'exuberancia'. Soy inteligente. Soy leal. Y podría ser… buena para ti. Si te dieras el tiempo de dejar de huir para mirar.

Marco la observó, un micro-movimiento de sorpresa en sus ojos. No era la declaración cursi que espera
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