Cap. 64 No lo sé aún
Al salir, se encontró con Ares, que esperaba impaciente en el pasillo, listo para "intervenir" si era necesario. Al ver su expresión, supo que no había hecho falta.
—¿Todo bien? —preguntó él, su mirada, escrutándola.
—Todo bajo control —respondió Dayana, tomando su brazo con naturalidad.
—Ramos votará por ti. Y hemos limpiado un eslabón sucio de la cadena. Una cosa menos de que preocuparse.
Ares la miró, y en sus ojos no había solo orgullo, sino algo más profundo: respeto. Ella no había necesitado rugir. Había usado el silencio, la información y una oferta imposible de rechazar.
Había ganado su primera batalla política por su cuenta. Y lo había hecho no como la esposa de Ares Bianchi, sino como Dayana Bianchi, accionista y estratega.
La leona había aprendido a cazar en la jungla corporativa, y su primera presa había sido más fácil de lo que todos (incluido Ramos) hubieran creído.
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La mansión Bianchi, antes un símbolo de poder, ahora resonaba con el eco amargo de las derrotas acum