Cap. 63 Hablemos de negocio.
La sala de juntas auxiliar era pequeña, íntima, con una mesa para cuatro personas y una vista lateral a los rascacielos vecinos. Dayana entró con una serenidad que era puro teatro.
Su postura era segura, la de quien cree tener el control porque ignora la profundidad del abismo. Se sentó frente a Héctor Ramos con una sonrisa suave, casi ingenua.
—Señor Ramos, buenas tardes —saludó, su voz, un hilo de miel.
—Tenemos que hablar de negocios. Usted sabe, todo se precipita, y es mejor hacer las cosas con tiempo, ¿no?
Ramos, un hombre de unos cincuenta años con un traje que intentaba parecer más caro de lo que era, asintió con una sonrisa que no llegaba a sus ojos pequeños y calculadores.
—Señora Bianchi, me alegra mucho verla. Y especialmente hablar con usted personalmente. —Encendió un cigarrillo sin pedir permiso, el humo formando un velo entre ellos.
—Supe sobre todos los… inconvenientes anteriores. El tema de su pérdida, después el embarazo, su pérdida de memoria… todo. Me he enterado