Cap. 45 Y me dijiste que no
Dayana tenía las lágrimas fluyendo libremente ahora. No de tristeza, sino de reconocimiento. Ese fragmento de historia no era sobre el amor romántico; era sobre identidad. Sobre la esencia de quién era ella: apasionada, honesta, irreverente. Alguien que veía la verdad y la nombraba, sin miedo.
—¿Y después? —preguntó, limpiándose las mejillas con el dorso de la mano.
—Te invité a un café —dijo Ares.
—Y me dijiste que no, que tenías que terminar un ensayo. Que si quería seguir hablando de arte, p