Cap. 16 Entonces ya vuelvo, mi amor.
El silencio al otro lado del teléfono se extendió tanto que Dayana casi pudo oír el fragor de la batalla interna de Ares: el estratega contra el hombre enamorado. Cuando por fin habló, toda la furia y la arrogancia se habían desvanecido, dejando solo una cautela frágil y una esperanza que sonaba peligrosamente genuina.
—Dayana… —su voz era ronca, cargada de una emoción cruda.
—¿En serio?
No era una pregunta retórica. Era la súplica de un náufrago que ve una luz en la orilla. Era todo lo que Day