Cap. 17 Esperen. Miren esto
Dayana se derrumbó en el sofá, sacudida por espasmos de dolor puro. Esa explosión de verdad cruda, lejos de paralizarlas, electrizó el ambiente.
Elsa y Felicia se miraron, y en sus ojos ya no había solo el brillo de la estrategia, sino el fuego de la lealtad feroz.
Felicia se sentó a su lado y la envolvió en un abrazo que olía a infancia y a seguridad.
—Ya está, mi niña. Ya está. Suéltalo todo —murmuró, acariciándole el cabello.
Elsa, de rodillas frente a ellas, le tomó las manos.
—Escúchame,