Cap. 124 Yo lo sabía
La mañana había llegado con una luz tenue, como si el cielo mismo quisiera suavizar la dureza de lo que estaba por ocurrir. Emilia y Emanuela entraron en la mansión vieja con la cautela de quien pisa terreno minado.
No sabían por qué su madre las había convocado con tanta urgencia, pero el tono de su voz en el teléfono no admitía excusas.
Bárbara las esperaba en el estudio, de pie junto a la ventana, con esa postura erguida que recordaba a la mujer imponente que había sido. Pero cuando se giró