Cap. 114 Trajimos cosas para el bebé
La mañana siguiente amaneció gris sobre la ciudad, como si el cielo mismo supiera que la tormenta aún no había pasado.
En la suite de los Sartori, el ambiente era de histeria pura. Lorenzo, envejecido veinte años en una noche, vagaba de un lado a otro como un fantasma. Matteo, pegado al teléfono, llamaba a todos los contactos que le quedaban, y encontraba silencios, excusas, o el helado "lo siento, no puedo ayudarte" de quienes antes se pegaban a ellos como moscas.
—Nadie quiere saber nada de n