Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana en que todo cambió no fue distinta a cualquier otra. El café tenía el mismo aroma denso que siempre llenaba la cocina. Santiago hojeaba el periódico sin demasiada atención, y nuestro hijo, en su silla alta, intentaba con torpeza llevarse una cucharada de puré a la boca… con más éxito en sus mejillas que en sus labios.
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