Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire olía a cenizas y pólvora.
Las llamas aún devoraban lo que quedaba de la fortaleza de Guillermo, lanzando columnas de humo negro al cielo.
Cada explosión había dejado grietas en la tierra, escombros desperdigados, cuerpos inertes esparcidos entre las ruinas.
Pero estábamos vivos.







