No había paz en mi cabeza.
Desde el momento en que aquel hombre me atacó en el estacionamiento, todo se había convertido en una maraña de sospechas, dudas y preguntas sin respuestas.
Quién era.
Quién lo había enviado.
Qué querían realmente de mí.
Las palabras de mi padre en la prisión resonaban en mi mente como una advertencia escrita en fuego: “No importa cuántas veces huyas, seguirán buscándote”.
No quería creerlo.
No quería aceptar que, por más que intentara construir una vida diferente, las