El cambio fue sutil.
No hubo declaraciones, ni acuerdos explícitos, ni siquiera una conversación que pusiera todo en perspectiva. Pero después de esa noche en la prisión, después de que Santiago me siguió y me miró con esa expresión indescifrable, algo entre nosotros se fracturó y se volvió otra cosa.
Él ya no me veía como antes.
Y yo tampoco lo veía igual.
No podía ignorarlo.
No podía seguir pretendiendo que no existía esta tensión, esta energía que parecía envolverse alrededor de nosotros cad