El sabor del miedo es metálico.
Áspero.
Invasivo.
Se filtra por tu lengua, se instala en tu garganta y se enreda en tu respiración hasta que cada bocanada de aire se siente como una lucha.
Eso fue lo primero que entendí cuando desperté.
El frío del suelo de concreto se filtraba a través de mi piel, helándome hasta los huesos. Había algo seco en mis labios, un rastro de sangre que apenas podía distinguir en la penumbra de la habitación.
Mis muñecas ardían.
Intenté moverlas, pero el sonido de met