Los días en la mansión pasaron con una lentitud sofocante y que llevaba aún más a la desesperación a una madre preocupada. Desde el momento en que Savannah y Mateo llegaron, el tiempo pareció suspenderse, atrapándola en una rutina que tenía algo de sueño y mucho de pesadilla.
La habitación de Mateo era lo único que le daba sentido a las horas. Cada mañana, cuando los médicos entraban con sus batas impecables y sus portapapeles llenos de cifras que Savannah apenas lograba entender, ella permanec