El bosque del Estado de México ya no olía a pino ni a tierra húmeda; olía a final. La niebla, que antes era un velo gris, se había transformado en una masa densa y aceitosa que devoraba la luz de las estrellas. Natalia se encontraba en el centro del claro, con el corazón latiendo en una frecuencia de puro pánico. La ausencia de Cristian era una herida abierta que drenaba su voluntad, y el Abismo en su interior, antes una herramienta de poder, ahora se retorcía como un parásito infectado por la