El Vacío no perdonaba la debilidad, pero el Arcángel Miguel perdonaba aún menos la indecisión. En la cámara de cristal de la prisión fracturada, el aire se había vuelto una masa de fuego blanco que luchaba contra la estática gélida del Abismo. Cristian Helios, el Guardián del Sol, se encontraba frente a su propia némesis: una proyección de sombras que vestía su rostro, pero con una mirada cargada de la crueldad que su padre, Viktor, siempre había deseado para él.
—Eres patético, Cristian —sise