El mundo que conocía la humanidad había muerto en el instante en que los cielos de México se tiñeron de púrpura, pero su cadáver aún se retorcía en un espasmo de militarismo y paranoia. Mientras en el Castillo Valerius el sudor del reencuentro aún se secaba sobre la piel de los amantes, en las capitales del mundo se firmaban pactos que no se veían desde las guerras mundiales.
I. El Martillo de Hierro: El Despertar de las Naciones
En el centro de mando del Frente de Defensa Unificado (FDU), situ